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NUEVO HORARIO BOLETERIA (info y venta anticipada): Miércoles a sábado desde las 18 hs. Domingos desde las 17.     
La sala roja.
De Victoria Hladilo.
 
¿Hasta donde nos puede llevar el amor que sentimos por nuestros hijos? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para procurarles lo mejor?  Un grupo de esmerados padres se reúne mensualmente en un jardín de infantes para definir cada detalle que involucra a sus hijos. Generan sus propias reglas, y las defienden con pasión. Todo funciona en un estricto orden y bajo una clara autoridad. Sin embargo, un pequeño retraso que tiene la directora, desvía el habitual funcionamiento. El caos comienza a revelar las zonas más oscuras, y la tarea se va transformando en una disputa de ego y poder.  Al final sólo queremos lo mejor para nosotros mismos.
Director:
Victoria Hladilo 
Autor:
Victoria Hladilo 
Actúan:
Manuel Vignau, Julieta Petruchi, Daniela Rico Artigas, Victoria Marroquín, Axel Joswig, Victoria Hladilo 
Iluminación:
Magali Acha 
Diseño gráfico:
Trineo 
Vestuario:
Susana Berrio 
Diseño del espacio:
Magali Acha / Manuel Escudero 
Asistencia de dirección:
Ana Pastore y Julio Verón 
Dramaturgia y dirección:
Victoria Hladilo 
Co-dirección:
Cinthia Guerra 
Colaboración artística:
Mercedes Quinteros 
Supervisión dramatúrgica:
Joaquín Bonet 
Fotografía:
Luis Abadi 
Diseño de sonido:
Ignacio Viano 
La Nación
Un extraño fenómeno llamado La sala roja

Desde hace cuatro años esta propuesta de la escena independiente pone el foco en una reunión de padres primerizos en un jardín de infantes, al borde de un ataque de nervios
Leni González, PARA LA NACION

Todas las sillas de una de las salas del Camarín de la Musas están ocupadas. Un murmullo extra y algunas miradas con codazo ponen el foco en el extraño visitante de pelo canoso que observa desde la fila más alta. Es el conductor -y autor de Encuentro de genios- Beto Casella, que contará más tarde que vino por recomendación. Todo un síntoma para el off, no acostumbrado a las caras famosas. Pero cada tanto sucede y éste es el turno de La sala roja, la obra que casi sin prensa pero con el virus del boca en boca inaugura su cuarta temporada: está en cartel desde 2013, siempre en el misma teatro. Si las cifras resultan más contundentes que las palabras, entonces habrá que decir que la obra está a punto de cumplir 200 funciones, que suman en total más de 10.000 espectadores, en un espacio donde entran unas 70 u 80 personas, con una o dos funciones por semana, sin contar la presentación el año pasado en el prestigioso Festival de Rafaela. Y en abril habrá versión en la lejana Panamá, donde un grupo de teatro compró los derechos para llevarla a escena, pero con otro título porque el término "sala" en América central no refiere al jardín de infantes. Porque La sala roja es acerca del jardín y unos inadecuados habitantes que lo transitan llamados padres. Cuando los chicos empiezan el nivel inicial de la escolaridad, los grandes reciben una de esas sorpresas que te da la vida. De pronto, la identidad sufre una mutación y comienzan a ser "mamá de Pedro", "papi de Camila", así, a secas. En ese nuevo rol, ya no son los mismos que eran, sino otros, seres que interactúan con pares en idéntica situación, capaces de ver el mundo, por algunas horas al día y sin período de adaptación, como un montón de cubos de colores desparramados por el piso. Podría ser maravilloso si no fuera que se trata de gente crecida y bien peinada. A Victoria Hladilo no la pasó por alto semejante sacudón. Actriz y egresada de la carrera de Dirección de la Universidad del Cine, participó en dramaturgias colectivas junto a Julio Chávez (Angelito Pena), pero La sala roja es la primera obra en la que, además de actuar, escribe y dirige. "Partí de una experiencia personal -la mía como mamá de mi hijo en el jardín de infantes- observando la conducta de los demás, pero también a mí misma. No era una cuestión de «qué raros que son los otros», sino de mí ahí adentro, donde incubaba y me preocupaba por cuestiones que creía nunca iban a preocuparme. Muchas de estas reacciones lograba controlarlas a tiempo, pero el hecho de que aparecieran me llevó a pensar en lo que nos pasa a los padres en esa situación. Por supuesto que en la obra lo dejé ser y di rienda suelta a mi personaje", dice la autora, Sandra en la obra, una mamá monstruosamente avasallante que quiere liderar la reunión de padres convocada por la institución para tomar democráticas decisiones sobre los uniformes y los actos escolares. El debate se abre entre los únicos cuatro presentes: además de Sandra, Martín (Manuel Vignau), el papá buena onda que mudará la piel con el correr de la reunión; Gabriela (Daniela Rico Artigas), progre, vegana y doula; Verónica (Julieta Petruchi), atormentada porque su hijo no es invitado a participar del tallercito de música; Diego (Axel Joswig), el marido de Verónica, ausente y acomodaticio, y la asistente María Inés (Victoria Marroquín), encargada de comunicar por teléfono las indicaciones de la directora, que nunca llega. En este aspecto, La sala roja comparte una estructura similar a la de Toc Toc y Bajo terapia: la del encierro casi forzado de adultos a la espera del orden que viene de afuera. "Me interesaba investigar qué pasaba con el traspaso de autoridad del que manda a otro que no puede tomar ninguna decisión. Necesitaba dramáticamente -dice Hladilo- tener a esos personajes encerrados en la salita del jardín, sin contención, subidos a una autopista de la que no pueden bajarse." A partir del auge de nuevas miradas hacia la maternidad y el cuestionamiento a la leyenda rosada del amor abnegado, no era raro que la ola llegara a los manejos del jardín. En la comedia Según Roxi, la obrita de teatro, de Azul Lombardía y Julieta Otero, los papis ensayan un acto para sus hijos dejando al aire frustraciones y ansiedades de larga data. Pero se trata de un ridículo lúdico del que puede volverse. En cambio, en La sala roja hay risas que entendemos todos, pero que poco a poco caminan, ascienden, corren a la angustia y la desesperación. Para el elenco, esa adrenalina es notoria en el público, "que se pone como de cancha" con sus exclamaciones. Y no es gente de teatro ni grupos de maestras -como sí ocurría al principio-, sino otros espectadores. Seguramente por esa razón, en 2014 el empresario Carlos Rottemberg se interesó en la obra para llevarla a la calle Corrientes. Las conversaciones fueron y vinieron, pero por ahora nada se concretó. Hladilo no descarta la chance, siempre y cuando pueda mantenerse el mismo equipo que rema desde el principio. Por supuesto, las maestras, la directora y los padres reales en los que Victoria se inspiró fueron a ver la obra. Incluso la docente teatral y directora Nora Moseinco, que era una de las mamás y leyó el libro antes del estreno. ¿Cuál fue la reacción? Se rieron mucho. "«Te tenemos mucho miedo», me dicen ahora, que pasamos a la primaria", confiesa Victoria Hladilo.
Clarin
Teatro Las mamus del jardín.
 Por Maria Lujan Picabea.


Y cuando las paredes de la salita parecen a punto de ceder y aplastar en su caída a los seis protagonistas, la señorita Maria Inés (Victoria Marroquín) sale de abajo de la mesa, se sacude el polvo de su delantal azul ya bastante trajinado y pide a los padres que se le sumen en coro para cantar la ronda de los conejos, esa que dice: “Cerquita cerquita cerquita. Muy lejos, muy lejos”, que lleva además una coreografía, que se debe seguir saltando y con una sonrisa imborrable de madre y padre dispuesto. Si para muchos eso resume el infierno de la institucionalización de nuestros hijos, sepan que las escenas previas, cada una de las miradas cómplices, los guiños, pero también los revoleos de ojos, las rabietas, las amenazas vedadas y los supuestos que hacen parte del guión de La sala roja , les devolverá una imagen espejada de la que no podrán correrse. Pocos días antes del reestreno de la pieza que ya tuvo más de cien funciones a sala llena y fue aplaudida por la crítica, el elenco, con Victoria Hladilo a la cabeza se reúne para una pasada general que permita ajustar detalles. La ciudad está caliente y el equipo de aire acondicionado no enciende, así que el ventilador que apunta al centro de la escena, y que –advierten– no forma parte de la escenografía se vuelve una pieza imprescindible. La sala roja es, en realidad, un pequeño cuarto de paredes azules, con guardas de animalitos, sillitas de fórmica de varios colores y el infaltable equipo de música que escupe alguna de las pringosas versiones de Incy Wincy araña. En escena un grupo de padres (Manuel Vignau, Julieta Petruchi, Daniela Rico Artigas, Axel Joswig y Hladilo) esperan a la directora del jardín para comenzar la reunión de delegados de la sala, con una lista enorme de puntos a considerar y debatir. Lo maravilloso de la obra es que con ese atado de personajes que se cuentan con los dedos de una mano, Hladilo que, además de escribir y dirigir, se da el lujo de ponerse en la piel de la más taimada de las mamás, compone un mapa de caracteres que, así como las temperas de colores primarios, están en cada sala, de cada jardín de nuestra ciudad. La mamá de voz aflautada y débil que consulta con la mirada a su marido antes alzar al mano, la experimentada que conoce a las maestras, auxiliares y directivos y que sabe qué es lo mejor, siempre; la nueva, que se anda con paso quedo y espera asignarle un rol a cada uno de los demás jugadores; los padres que aparecen como quien caen de un manzano un día cualquiera y decide que quiere participar de la toma de decisiones sobre la educación de sus hijos; el que se impone a como de lugar para que su hija o hijo se eleve sobre el resto. La vegana militante, la resuelta, la que maneja las cuerdas de las conversaciones desde la oscuridad, el padre encantador que intenta franelear a las seños, y siempre, siempre los yoicos, para los que la sala se compone de números grises y un solo ejemplar de colores radiantes: su hijo o hija, claro. Quienes deseen pueden mirar para otro lado, como sea, no podrán ocultar las risas nerviosas que les arrancará la obra. Todos quienes hemos torcido la boca en las reuniones de “mamis” y “papis” hemos vestido las pieles de los personajes de La sala roja . Año tras año hemos visto que además de ser esos seres que hemos construido a punta de trabajo, prestigio, carrera y otras muchas mentiras, somos la mamá y el papá de alguien y ese rol se juega también en ese espacio en disputa que es la salita. Vaya este saludo para los Colorines, Osofetes, Tuttis y Piruleros junto a quienes lo entendí. Arte No apto para público “fiaca” Unos pocos elementos visten la sala 8 del Centro Cultural Recoleta; un tensor la recorre de punta a punta, una tarima con una botella de vodka y un palito amarillo flúo, y unas serie de cuadrados a los que vale acercarse pero no dirán nada más que aquello que expresa el color; luego, la ventana con una escalera que no sube a ningún lado pero eleva la apuesta. Por toda guía un cartel apunta: Juan Sebastián Bruno, Bruno Gruppalli “Escapándose del sol”. No, la muestra no está en proceso de montaje ni desmantelado, los elementos que allí se ven son los que los artistas pusieron, menos uno, un grabador que tocaba una música con escaso volumen junto al cuadrado negro –que es en realidad un disco– y que se les sugirió que retiraran porque nadie se hacía responsable por su desaparición posterior a la inauguración. “Fue una decisión fuerte la de renunciar a guiar al espectador”, afirma Juan Sebastián Bruno y cuenta que intentaron varios textos para acompañar la muestra pero todos les parecían demasiado explicativos, “por lo demás, el título ya es muy literal”, dice y deja claro que no le teme a los espectadores que se dan por vencidos, pero sí confía en los otros. “Tanto Bruno Gruppalli como yo, que a veces trabajamos juntos, tendemos hacia las pequeñas acciones, situaciones mínimas con pequeños indicios y metáforas también pequeñas. Todo tiene cierta fragilidad, puntos en los que no se sabe qué es lo que está sucediendo y si el espectador tiene ganas de profundizar va a encontrar algunas cosas, pero si tiene fiaca rebota”, reflexiona. Escapándose del sol trabaja sobre todo con la luz exterior, lo que se vuelve visible e invisible en el pasaje del día a la noche y fue creada para el espacio, pensada especialmente para sala. “Creemos que al presentar en el espacio sólo unos pocos elementos el espectador termina viendo la sala. La escalera fue la primera decisión que tomamos, como un tributo a la ventana, una forma de destacarle en vez de taparla. La soga, por otro lado, era para resaltar el largo del espacio”, explica el artista. Y habla de la importancia que tiene para la instalación la memoria de la sala, el tiempo sobre los techos, las heridas en las paredes dejadas por años de montajes de cuadros, las escrituras apenas borradas de los pisos, luminarias apagadas que dieron luz a otras, muchas, muestras. Bruno ríe y cuenta que la gente del Centro cuando vio el montaje comentaba que la sala quedaba muy visible, que deberían arreglar varias cosas, emparchar, tapar con enduido. Pero la intención de los artista era justamente la opuesta, se trataba de resaltar esas cosas, de hacerlas visibles, así como el polvo que se hace presente sólo cuando lo atraviesa un chorro de luz. Puede que haya quienes pasen y no reparen en ella, puede que muchos se detengan y la odien, puede que otros se asomen y se pierdan, porque la muestra se propone justamente poner el espectador frente a un desafío, sin chiste, “colocarlo de frente al vacío”, resume Bruno. Un indicio de que el Recoleta está abriendo espacios para búsquedas que en general se quedan en pequeñas galerías de arte.
Actualidad artística.
La sala roja por El Crítico Enmascarado.

La sala roja, una de las comedias mejor escritas, actuadas y dirigidas de nuestra escena independiente. Nos engaña con sus personajes aparentemente estereotípicos para, sin que nos demos cuenta, mostrarnos los dientes y hacernos entrar a todos en su lógica disparatada que, entre risas, termina por darnos mucho más de lo que creíamos que íbamos a obtener. Entre otras muchas cosas, la obra es una clase magistral del arte de hacer comedias. El espacio, una sala escolar de jardín de infantes. En ese mundo en miniatura, con sillitas y mesitas, una mujer adulta, y particularmente alta, alecciona a otra con respecto a la cadena de mails entre padres. Esa inadecuación entre cuerpos y espacios es graciosa en sí misma, pero pronto entenderemos que es, también, el principio constitutivo de la obra: vamos a ver a un grupo de adultos que, en las particulares condiciones de una reunión de padres, se infantilizarán hasta las últimas consecuencias, dejando en el camino su dignidad. El afecto que estos padres muestran por sus hijos es, también, el lugar en el que ponen sus propias frustraciones. Así, puede parecernos que han dejado de lado cualquier amor filial y que cada victoria o derrota en los temas a debatir en la reunión están hablando siempre de otra cosa. Las decisiones, aparentemente nimias (cómo deben ser los regalos de cumpleaños, la mascota del curso y otras) pasan a tener una relevancia enorme en la que cada uno de los personajes parece jugarse la vida. Además, como en las grandes obras, cada padre esconde aquí al menos un secreto que será revelado, que tendrá un enorme potencial destructivo. La obra no explota, o no sólo explota, la lógica de los colegios de nivel inicial sino la de cualquier espacio cerrado y las relaciones de poder que allí se establecen. El micromundo de esa sala puede fácilmente encontrar equivalencias en otros espacios, de ahí su enorme capacidad de identificación. Sus personajes se nos parecen, se nos hacen reconocibles en sus actitudes. Pero son mucho más que estereotipos. Esta obra es excelente en su dramaturgia y dirección porque, entre otras cosas, veremos que las digresiones, esos momentos en los que incorporamos información acerca de la vida de los personajes, se dan siempre en acción. Cualquiera que quiera incursionar en la escritura dramática debería verla para notar un principio fundamental y muchas veces olvidado: aquí los personajes siempre están haciendo algo, el espectador puede pasear la vista y siempre los encontrará accionando, cuando hablan y cuando no. No hay escuchas pasivas o alguien que quede pagando, a pesar de estar, casi siempre, al menos cinco personas en escena. Así, es una obra que según donde uno refuerce su atención, encontrará cosas distintas. Es, también, una puesta muy pasada, ya lleva tres años en cartel y los actores entienden perfectamente las disposiciones más efectivas de sus cuerpos y sus expresiones, toman el espacio para lucirse pero también están atentos a permitir el lucimiento ajeno, es una demostración de timing de comedia, a menudo el frenesí de lo que ocurre entra en una cuerda floja que exige un máximo de precisión. El humor de la pieza es de situación y no de chiste. Vale decir, el crescendo dramático es el que nos hace reír cada vez más. Lo interesante es la atmósfera que se crea, mucho más efectiva que las frases ingeniosas. Hay en esto un ridículo muy nuestro que crece, sin necesidad del punto de fuga que crea el chiste. Es una sátira mordaz a la clase media y sus miserias, una suerte de neoneogrotesco en el que entramos nosotros y nuestros conocidos. Si uno revisa la cartelera del circuito comercial, es probable que encuentre un buen número de comedias que pretenden hacer lo que esta obra efectivamente hace. La sala roja tiene mucho que enseñarles a todas ellas. La sala roja sabe exactamente qué busca hacer y encuentra siempre los medios más efectivos para lograrlo. Ese conocimiento de lo que se quiere decir y de los medios para llevarlo a cabo escasea muchísimo. La naturalidad con la que fluye la puesta lleva a pensar en ese estilo sin autor, es una obra que puede engañarnos y parecer fácil de escribir o de representar, pero no hay que engañarse. El grupo de La sala roja nos brinda un trabajo que está muy cerca de la perfección, una perfección en la que, quizás, ni sus mismos responsables crean demasiado o por la que tengan excesivo interés. Así y todo, estoy convencido de que, a menudo, detrás de esas cosas que parecen haberse armado fácil, es donde más existe la mano del autor.

El Crítico Enmascarado
"La Nación"
"El resultado es desopilante e inquietante a la vez. El giro que va tomando la trama está muy bien llevado por el elenco en el que sobresale la propia Victoria Hladilo, con su madre controladora, autoritaria, manipuladora.....
ricardo chiesa
Un espectáculo integral, pero sobre todo, ¡¡una lección de dra-m-a-tur-gia!! Ensambles perfectos en un mecanismo de relojería, no sobra ni falta nada. ¡Si quieren ver teatro donde cada acción tiene un sentido, no se pierdan La sala roja! Felicitaciones, Victoria, por la creación, y a todo el equipo por la ejecución impecable.
Facundo Flores
Excelente!!!! muy divertida y de actuaciones sobresaliente, el camarin, un lugar super acogedor ideal para ir primero a comer algo y luego ingresar a ver esta obra. Imperdible....
Analia Pereira
Me encantó . Una obra para recomendar. Las actuaciones brillantes y la obra entretiene y divierte de principio a fin
Adela
Excelente!!!! Texto, puesta, actuaciones todas buenísimas. Obra para pasar un muy buen rato pero que deja mucho para pensar y reflexionar.
Maria Cristina C. Docatto
Excelente obra! Los actores, impecables!!! Felicitaciones a todos!
Fer Belve
Felicitaciones! un espejo en donde quedan reflejadas nuestras miserias e hipocresías. De eso uno se ríe, quizas. Muy buenas actuaciones! Espero un "socorro 5to. año" , aquellas queridas reuniones de padres de viajes de egresados. Pa' alquilar balcones!
Hugo Arbolito
recién vengo de verla ,muy bien todos .felicitaciones 100% recomendable !!!
Maria L. Minnti
Buenisima!!!!! Fuimos con mi vieja y nos encantó!!! Pasa en los mejores jardines!! jajaja en todos los jardines hay uno como cada uno de ustedes!! llore y reí!!! mi encantó!!!
haydee
Excelente! Texto, actuaciones, direcciòn!
Gastón Depierre
Excelente, liberadora, refleja las conductas humanas, el egoísmo, la ambición, la prepotencia, la lucha por un lugarcito con una mirada precisa de lo que son ese tipo de reuniones. Actores y actrices brillantes, dialogando sin pausa, con naturalidad total. Dramática, ácida y graciosa...IMPERDIBLE, y una anticipación de lo que es actualmente Relatos Salvajes...Muchas Gracias
pablo cur
Muy buena la obra y las actuaciones. Se disfruta mucho la interacción entre ustedes y la intimidad especial del teatro. Aguante el teatro!
Cris Tina Luege
fue placentero verlos ..... son geniales ...... felicitaciones ¡¡¡¡¡¡
La sala roja
Por órden de aparición: SANDRA: Victoria Hladilo, GABRIELA: Daniela Rico Artigas, MARIA INES: Victoria Marroquín, MARTÍN: Manuel Vignau, VERÓNICA: Julieta Petruchi, DIEGO: Axel Joswig
Víctor Martínez
Me gustaría saber que actor interpreta cada
Personaje! No lo encuentro en ningún lado.
Edgardo R
Ayer fui a ver Sala Roja, que placer, me incomodó, me emocionó, reí. Gracias. Que buen texto y que bien elegidos las actrices y actores, la puesta... FELICITACIONES PARA TODO EL EQUIPO!!!
euge chodos
La obra es una genialidad!!! me la habian recomendado mucho y sali gratamente sorprendida. Ademas el Camarin es un teatro muy agradable para ir. No duden en ver esta obra!!!
Nat Garcia
Muy divertida!!! Personajes que tanto padres como docentes reconoceran en las reuniones escolares. Muy buenas actuaciones. Recomiendo 100%!!
Silvina Alberti
Una obra en la que trabaja Manuel Vignau es evidencia suficiente de que se trata de interpretaciones de excelencia, así que está descartado que voy a ir a verla!
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camarin
Duración:
75 minutos.
Entrada + Cena en restaurante:
$ 500
Días y Horarios:
Domingo 20:30 hs.
No se permite el acceso a la sala una vez comenzada la función.